TAXONOMÍA DE BLOOM


Cuando estamos perdidos siempre buscamos el norte para orientarnos. No es fácil para los docentes buscar referencias en nuestra labor diaria, pero si queremos ubicarnos, nuestro norte siempre lo podemos encontrar en la taxonomía de Bloom independientemente de la metodología que utilicemos en nuestra práctica educativa.


Bloom desarrolló una jerarquía de los objetivos educativos que se querían alcanzar con el alumnado, dividiéndolo en tres ámbitos: Ámbito cognitivo, ámbito afectivo y ámbito psicomotor. Es del primer ámbito del que surge la tabla de la taxonomía de Bloom.

La revisión en 2001 de la taxonomía de Bloom cambia los sustantivos por verbos.
La denominación del primer nivel pasa a ser recordar en vez de conocimiento o conocer.
Ampliar el nivel de síntesis relacionándolo con la creación como un concepto más amplio.
Cambiar el orden de los dos últimos niveles, anteponiendo el la evaluación a la creación. De esta manera crear supone el pensamiento mayor orden.


La última revisión de Anderson y Krathwohl, y Andrew Churches, la enriquece introduciendo una serie de aprendizajes propios de los nuevos tiempos. Se introdujeron acciones que deberían ser realizadas por el alumnado tales como “hacer búsquedas en Google”, “subir archivos a un servidor”, “recopilar información de medios”, “publicar”, “programar” etc.


La taxonomía de Bloom debe formar parte de nuestra mochila docente. Esta en nuestra labor como maestros, llenar esta mochila con herramientas útiles. En este sentido, Bloom nos ofrece la brújula imprescindible para no perdernos en nuestra profesión.


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